VENTAJAS PRESENTES Y BENEFICIOS FUTUROS

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“Puesto los ojos en Yeshúa, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” Heb. 12: 2.

Siempre debiéramos albergar sentimientos de gratitud por los que nos han hecho favores en momentos de necesidad. Pero esos sentimientos que con tanta prontitud expresamos ante la amabilidad y el desinterés de nuestros amigos, debiera hallar su contrapartida para agradecer el amor y la compasión de nuestro bondadoso Amigo celestial. . . La amistad manifestada por el más cercano y querido pariente o amigo, es tan insignificante si la comparamos con la revelación de Jesucristo, que se reduce a una manifestación muda e inexpresiva. . .

Permítanme llevarlos al escenario de la crucifixión y mostrarles al Hijo de Dios mientras muere en lugar de ustedes. ¿No despierta sentimientos de gratitud el espectáculo de la cruz de Cristo? ¿No disipa la frialdad y la indiferencia que endurecen los sentidos hacia el sacrificio realizado en nuestro favor? ¡Oh! ¿Por qué la cruz de Cristo no despierta nuestra gratitud ni nos induce a obedecerlo alegremente?. . .

Satanás, el adversario de las almas, trabaja constantemente con sus argucias y encantamientos, para adormecer los sentidos y anestesiar los sentimientos que tienen que ver con nuestros más altos intereses. Para todas las cosas insignificantes de la vida los afectos ejercen plena libertad, pero para los intereses eternos están trabados, atados, como si lo fuera por cuerdas mágicas. . .

Hay muchos que padecen privaciones y se someten a grandes sacrificios para emprender algo que les promete ventajas en el futuro. Cambian la comodidad del presente por una futura ganancia, pero aquí Yeshúa nos presenta la vida eterna como recompensa de la obediencia, y si las cosas insignificantes de las ganancias terrenales pueden ser sacrificadas para obtener cosas mejores en el futuro, con cuánta mayor razón podemos sacrificar la comodidad, el placer y las actuales ventajas que nos ofrece el mundo, por las incomparables riquezas y la gloria de la futura vida inmortal. No permitamos que el hechizo de los encantos terrenales aparte nuestros afectos de Dios, y endurezca nuestro corazón para los intereses eternos. Miremos las cosas que no se ven. Entronicemos a Yeshúa en el corazón. Amémoslo con toda el alma.

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