El presente del azúcar… ¿cuán dulce es?

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¿ME RECONOCE usted? Mis amigos científicos me conocen por las iniciales C12H22O11. No he dejado de tener importancia desde mi estreno en la escena mundial. En varias ocasiones durante la historia del mundo, y en muchas partes de la Tierra, fui más precioso que el oro, y más raro también. Recuerdo que en cierta ocasión en la China, cuando ciertos príncipes indios debían dinero de tributo al emperador, este gobernante chino exigió que me usaran a mí en vez de oro para pagarle el tributo.

Grandes debates y controversias se han llevado a cabo por todo el mundo, en palacios majestuosos y grandes salas de senado, debido a mi presencia. No me da gusto decirlo, pero a millones de personas literalmente se les ha esclavizado y millones han muerto por culpa mía.

Actualmente he vuelto a ser motivo de grandes controversias. Hay quienes dicen que se me debería hacer desaparecer para siempre de la haz de la Tierra. Otros dicen que soy refinado y dulce, que se me necesita y que de ningún modo soy el malvado que se me acusa de ser.

¿Me reconoce usted ahora? Soy aquella cucharada de azúcar que, según una canción que se hizo popular en los Estados Unidos en la década de los años sesenta, “le ayuda a pasar la medicina fácilmente… de manera sumamente deleitable”. Soy aquella cucharada de azúcar que se solía envolver en un pedacito de tela, la cual se ataba y servía de chupete para usted mientras su madre se ocupaba de los quehaceres domésticos. Soy la cucharada de azúcar que se usa para preparar la capa que cubre las píldoras laxantes que usted toma y endulzar las medicinas que usted bebe, las cuales de otro modo serían amargas. Me encuentro en los cosméticos que usted usa para maquillarse y en los cauchos y plásticos sintéticos que literalmente le rodean. Ayudé a curtir el cuero del cual están hechos los zapatos que usted tiene puestos. Las personas que fuman, me fuman a mí en parte. Cuando usted tiñe ropa, yo estoy presente. Si usted muere y colocan sus restos en una urna de plástico antes de enterrarlos, yo estoy allí también. Literalmente formo parte de su vida desde la cuna hasta la sepultura.

Además de todas estas cosas y otras más, hay una que me ha dado el mayor grado de popularidad… mi capacidad de satisfacer el deseo insaciable que usted tiene de ingerir algo dulce. Y en esto yace la paradoja. Mis buenas cualidades representan riesgos, según el parecer de mis adversarios. Estos afirman que yo me encuentro en todo y por todas partes. Claro, si yo negara esto, estaría haciendo caso omiso de los hechos. Sería el primero en decir que, en la mayor parte de los casos, los que me usan abusan de mí.

Es razonable decir que una cucharada de azúcar le ayuda a pasar la medicina. Pero ¿es razonable que una cucharada de azúcar también ayude a pasar la pasta de tomate, o el rábano picante, o la salsa, o el aderezo? He aquí unos cuantos ejemplos adicionales: ¿qué hay del pan, o de las hortalizas enlatadas, o, puede creerlo usted, la sal? ¿Necesita azúcar una galleta tostada cubierta con sal? ¿No le sorprende a usted saber que se haya descubierto que un paquete de pescado relleno tratado, ¡lo último que uno se imaginaría!, contenía más azúcar por cada porción que un pedazo de bizcocho?

¿Por qué debería ser yo un ingrediente prominente en alimentos que en primer lugar no se espera que sean dulces? Si a usted se le antoja algo dulce, sabe que el comerse una galleta probablemente satisfará su deseo. Pero ¿es razonable que una galleta salada tal vez sirva el mismo propósito, puesto que 12 por 100 de su contenido es azúcar? Al comerse cierto dulce de chocolate, usted tal vez espere que el 51 por 100 del contenido de éste sea azúcar, pero lo que tal vez perturbe su buen juicio sería el descubrir que consumiría la misma cantidad de azúcar al comerse un pedazo de pollo cubierto con cierta mezcla de migajas.

No soy ningún genio, pero no se necesita uno para percibir que los fabricantes y elaboradores de casi todo producto de consumo endulzan sus productos porque aparentemente se imaginan que éstos serán más agradables al paladar, sea que se me necesite o no. Me parece que esto es abusar de mí También proporciona más argumentos en contra de mí a los que me critican.

Considere, por ejemplo, cuánto de mí se consumió en el año 1982… más de noventa y dos millones de toneladas métricas, según se calculó. Anualmente, los estadounidenses y muchas otras personas consumen unos treinta y cinco kilos de mí (en forma refinada) por persona, y el adolescente de término medio consume un kilo de mí semanalmente. Pero 75 por 100 del azúcar que consumen estas personas lo consumen sin darse cuenta de ello. En realidad, solo una pequeña parte proviene del azucarero. Los hechos muestran que la gente me está comprando en cantidades reducidas; no obstante, su consumo de mí está aumentando. Por lo tanto, sería muy difícil, aunque no imposible, planear menús (minutas) que no contengan nada de mí en absoluto.

Puede ser que la mayor parte de las personas me reconozcan únicamente tal como aparezco en sus azucareros… blanco y refinado. En esta forma se me conoce como sacarosa, soy 99,9 por 100 puro y se me vende ya sea en forma granulada o en polvo. Pero no se contente con ver la palabra “azúcar” o “sacarosa” en las etiquetas de los alimentos. Hay que estar alerta por si acaso se utiliza alguno de mis demás nombres, como fructosa (de las frutas), lactosa (de la leche), maltosa (de la malta), glucosa, jarabe de maíz, sustancias sólidas derivadas del jarabe de maíz, dextrosa y azúcar de arce. En los Estados Unidos se prohíbe el azúcar crudo, a no ser que se hayan eliminado las impurezas… tierra, partes de insectos, moho, bacterias y otros elementos contaminadores. Cuando se ha hecho esto, entonces se puede vender como azúcar turbinado. Aunque este azúcar es de color oscuro, no debe confundirse con el azúcar moreno, el cual en general es simplemente azúcar blanco refinado que se ha pulverizado con melasa.

El consumo de azúcar por persona sube aún más si se toma en cuenta que durante el año 1982 cada persona, además de consumir aproximadamente treinta y cinco kilos de azúcar refinado, consumió también veinte kilos de dulcificantes derivados del maíz, presentes en alimentos que se obtuvieron de las repisas de los supermercados. (Dichos dulcificantes, por ser más baratos que otros, se están haciendo cada vez más populares entre los que tratan los alimentos.)

Si usted tiene tan solo un conocimiento básico de mí, sabe que, al igual que los almidones, yo también soy un hidrato de carbono, de modo que proporciono energía, calor y, por consiguiente, combustible para que el cuerpo pueda moverse. Si usted consume más hidratos de carbono de los que el cuerpo puede utilizar, el exceso se convierte en grasa.

Entonces, en vista de que el cuerpo básicamente necesita combustible y energía, ¿qué tiene de malo el consumir azúcar? El problema yace en que a diferencia de otras fuentes de hidratos de carbono, yo no contengo proteínas, ni minerales, ni vitaminas… no contengo ningún alimento nutritivo, tan solo calorías. Y éstas las tengo en abundancia… aproximadamente sesenta por cada catorce gramos, o por cada cucharada más o menos. Los expertos en la nutrición me llaman “calorías vacías”. Por otro lado, otros alimentos, aparte del azúcar, que también son ricos en hidratos de carbono, como los granos íntegros, las habichuelas, hortalizas y frutas, no solo sirven de buenas fuentes de energía, sino que también proporcionan muchos elementos nutritivos.

La revista Consumer Reports de marzo de 1978 realmente lanza un ataque contra mí. No obstante, tengo que concordar con lo siguiente que se escribió en esta revista: “Básicamente, no hay absolutamente ningún requisito dietético para el azúcar que no pueda satisfacerse por medio de consumir otros alimentos más nutritivos, como frutas y hortalizas. Ni siquiera se necesita el azúcar para obtener lo que se llama energía instantánea, a fin de tener combustible para pasar una mañana jugando tenis, esquiando o haciendo algo por el estilo”. El combustible que el cuerpo ya tiene en reserva como fuente de energía cumple dicho propósito.

Además, lo que agrava el daño es que cuando se me consume en dosis muy concentradas antes de la comida, digamos en forma de un dulce, pasteles y bizcochos, los cuales tal vez se acompañen de más de un cuarto de litro de una bebida carbonatada de tipo cola, que quizás contenga unas nueve cucharadas de azúcar, entonces puede ser que estas calorías vacías satisfagan el apetito suyo y usted no tenga ganas de comerse los alimentos provechosos a la hora de la comida. Usted engorda, pero en realidad está muerto de hambre en lo que tiene que ver con la buena nutrición. Está consciente de su peso, pero no se da cuenta de que está desnutrido.

Aunque se me acusa de muchas cosas malas, de las cuales muchas son cuestionables, hay un punto en que todos los expertos parecen concordar… causo caries, especialmente en el caso de los niños. Hasta la Asociación del Azúcar, cuyo papel es promover mi uso, está de acuerdo en este particular. El problema, según los expertos en la odontología, es que, debido a que soy azúcar, las bacterias que normalmente están presentes en la boca me utilizan para formar una sustancia espesa parecida a gelatina, la cual se adhiere tenazmente a los dientes. Esta hace que aumente más rápidamente la placa bacteriana, que, junto con otros ácidos, ataca los dientes y los hace vulnerables a las caries.

Pero los expertos dicen que lo que determina cuántas caries se le forman no es la cantidad, sino la forma de azúcar que uno consume. Si, por ejemplo, usted se come una barra de dulce y 10 por 100 de ésta consiste en azúcar, puede hacerse más daño a los dientes que si se toma una bebida carbonatada cuyo contenido de azúcar es de 25 por 100. La razón es obvia. El dulce se le adhiere a los dientes, lo cual significa que éstos quedan expuestos al azúcar por más tiempo, mientras que el azúcar de la bebida gaseosa pasa junto con el líquido. Pero antes que usted dé un suspiro de alivio, si acostumbra consumir grandes cantidades de bebidas carbonatadas, tiene que tomar en cuenta lo siguiente: Los científicos informan que el tomarse varias bebidas carbonatadas al día podría hacerle más daño a los dientes que el comerse un solo pedazo de dulce pegajoso por semana. Además, en muchos casos, las bebidas de tipo cola y muchas otras bebidas carbonatadas contienen ácidos que hacen daño a los dientes.

Por eso, niños, esto saca a relucir otro hecho que sus padres tal vez ya hayan tratado de hacerles comprender… sean concienzudos en cuanto a cepillarse los dientes con regularidad, especialmente después de comer dulces. Y háganlo con mayor particularidad si han comido alimentos llenos de azúcar antes de acostarse. Mientras más tiempo permanezco entre los dientes, mayor es la posibilidad de que se formen caries.

He aquí una fuente de esperanza, pero no necesariamente un antídoto: Según hallazgos preliminares que se hicieron recientemente, conforme se informó en el periódico The New York Times del 16 de diciembre de 1980, puede ser que el queso de Cheddar realmente impida las caries dentales. “Nos parece que es una observación válida que tendremos que investigar más detenidamente, pero solo está en una etapa preliminar todavía”, dijo el Dr.  William H. Bowen, director del departamento para la prevención e investigación de las caries, del Instituto Nacional de Investigaciones Odontológicas.

Para profundizar las investigaciones de cierto colega británico, quien había descubierto que el queso de Cheddar servía para retardar las caries dentales en el caso de los humanos, algunos científicos estadounidenses hicieron pruebas con ratones de laboratorio y emplearon queso de Cheddar semitratado. Los resultados fueron los mismos, informó el Dr. Bowen, “con tal que los animales comieran el queso inmediatamente después de ingerir azúcar, que, como se sabe, contribuye a las caries dentales”. El artículo del periódico The New York Times pasa a decir: “No se sabe por qué el queso tiene dicho efecto”.

Malas noticias por todos lados

Puesto que les estoy contando acerca de mí mismo, debo decirles la verdad aunque ésta sea muy poco favorable. Pero he aquí más noticias malas para los que me aman. Estas noticias también incriminan a mi mayor rival, la sal. Parece reconocerse generalmente que la sal, o el abuso de ella, desempeña un papel siniestro en el desarrollo de la alta presión arterial. Ahora un informe reciente indica que la combinación del azúcar y la sal quizás aumente el peligro.

Según investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad del estado de Luisiana, a unos monos arañas se les suministró tres dietas alimenticias diferentes. La primera era una dieta nutritiva corriente, preparada para monos de laboratorio. La segunda era lo mismo que ésta, pero se le agregó más sal. La tercera, que era como la segunda, contenía la misma cantidad de sal que la segunda, pero más azúcar que las otras dos. Los hallazgos se presentaron en la revista Science Digest de octubre de 1980:

“A todos los animales se les examinó cuidadosamente durante un ‘período fundamental’ de tres semanas, entonces se les separó para formar tres grupos; durante ocho semanas, cada grupo recibió una de las tres dietas de prueba. Como se había esperado, la presión arterial subió en el caso de los animales que habían recibido más sal. Pero el equipo informó en el American Journal of Clinical Nutrition que, en el caso de los monos que habían recibido más sal y azúcar, la presión subió aún más, de modo significativo”.

Además de las cosas que he mencionado aquí, con las cuales estoy de acuerdo, se me acusa también de un montón de otros males relacionados con la salud, pero respecto a éstos no hay pruebas sólidas todavía. Las controversias sin duda continuarán hasta que por fin queden resueltas de una u otra manera.

Mientras tanto, usted debería ejercer moderación y equilibrio en lo que tiene que ver con los alimentos que consume y la cantidad de azúcar que ingiere. El excederse en el consumo de cualquier cosa puede enfermarle y causarle una multitud de problemas. Tengo mi lugar en su dieta diaria, si usted tiene buen juicio al comer.

Además, recuerde que el Gran Dios, Yahweh, quien me creó, dirigió a los israelitas a la Tierra Prometida, que manaba “leche y miel”, una forma de azúcar. De eso concluyo que no puedo ser tan malo como me pintan. Y cuando todos los que lo merezcan estén sentados “debajo de su vid y debajo de su higuera” en la Tierra paradisíaca, pues, yo también estaré allí… ¡en esas uvas dulces y esos higos maduros! (Miqueas 4:4.)

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Saludos y que Dios les bendiga ricamente en este día.

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