Ataque Cardíaco. Haciéndole frente a esta plaga del día Actual

Share
Una joven describe cómo este gran asesino atacó a su madre, y cómo el conocimiento le ayudó a hacer frente a la situación.
MI MADRE, al igual que más de un millón de norteamericanos cada año, experimentó un ataque cardíaco. Así es como lo describió:
“En camino al trabajo en la zona céntrica de Nueva York, repentinamente sentí algo en el centro de mi pecho. Sujetando mi pecho, pensé: ‘¿Qué está sucediendo? ¿Comí algo que me hizo daño?’
“Me sentí muy débil, y tuve que detenerme por un buen rato. Estaba tratando de respirar, pero no podía respirar profundamente, debido a la intensa presión. Parecía que venía de mi estómago, pero era diferente de toda otra sensación que había experimentado antes.”
Ciertamente mi madre es afortunada de estar con vida… más de un cuarto de millón de víctimas mueren repentinamente de esos ataques. La enfermedad cardíaca mata anualmente a unos 750.000 norteamericanos. ¡En total, más de la mitad de todas las muertes en los Estados Unidos son causadas por las enfermedades del corazón y de los vasos sanguíneos!
Pero el problema no está limitado a los Estados Unidos… los ataques cardíacos plagan a las naciones industrializadas por todo el mundo. Leí que el Dr. Jean Mayer, profesor de la Universidad de Harvard, dijo: “Estamos en una nueva era de pandemias, puesto que casi la mitad de los hombres en los países occidentales (y una creciente proporción de las mujeres) mueren de una sola dolencia.”
Quizás alguien pregunte: ‘¿A qué se debe esto? ¿Qué puedo hacer para evitar un ataque cardíaco? O, si sufro uno, ¿qué puedo hacer para tener más posibilidad de sobrevivir?’
En ese tiempo no sabía, y desde entonces he descubierto que pocas personas comprenden lo que está implicado. La experiencia de mi madre hizo que averiguara.
Otro ataque
Mi madre no comprendía que ella estaba sufriendo un ataque cardíaco esa mañana del viernes de mayo de 1972. Pensó que era indigestión, y que sencillamente estaba demasiado cansada. Por eso, después de descansar unos cuantos minutos, tomó el tren subterráneo y se fue a trabajar.
A la semana siguiente mi mamá consultó con un médico, pero éste no identificó su problema, de modo que continuó trabajando. Me dijo lo que sucedió aquel miércoles:
“La fuerte presión en la parte inferior de mi pecho ocurrió de nuevo. El dolor me hizo doblarme. Una compañera de trabajo se asustó, me trajo un vaso de agua y preguntó: ‘¿Qué sucedió?’
“Contesté: ‘No sé… quizás algún gas de algo que comí. Me siento como si estuviera sofocándome.’
“Ella dijo: ‘Es mejor que vayas al médico.’
“Estuve de acuerdo. La clínica del sindicato está a solo unas cuantas manzanas de allí. Cuando salí del ascensor, aumentó la presión en mi pecho. Respiraba con dificultad, y mi brazo estaba tan débil que me era difícil sostener mi portamonedas. Iba tambaleando como uno persona borracha, pero nadie me ofreció ayuda. Le oré a Dios: ‘Ayúdame a llegar a la clínica.’ Abrí la puerta y caí, perdiendo el conocimiento por un momento.
“El médico me examinó, y quiso internarme en un hospital. Pero le dije: ‘Ahora me siento mucho mejor. Déjeme ir a casa. Mi hija me llevará al hospital.’ Al insistir, me dejó ir. Estaba tan débil que a duras penas pude llegar a casa.”
Notable supervivencia
Cuando llegué a casa mi mamá estaba de pie lavando algo. Dije: “¡Mamá, ¿qué pasa?” Se veía muy pálida y amarilla. Vivimos juntas, como lo hemos hecho desde que vinimos de Europa cuando yo era una niña pequeña. Mi padre y otros parientes murieron durante la segunda guerra mundial.
Mamá se acostó sin decirme mucho. Aproximadamente a las dos de la mañana me despertó su llamada. Tenía agudos dolores en el pecho y apenas podía respirar. Frenéticamente llamé por teléfono a nuestro médico de familia. Dijo: “Déle un poco de whisky. Manténgala abrigada y quieta y cuando se sienta mejor llévela al hospital.”
A la mañana siguiente llamé un taxi y la llevé a la Enfermería de Nueva York. Mamá todavía no quería creer que se trataba de su corazón, y no quería quedarse. Pero entonces tuvo otro ataque y cayó al suelo jadeando por aire. Los médicos y las enfermeras vinieron corriendo.
Las pruebas confirmaron que era su corazón. Infarto de miocardio es lo que lo llamaron los médicos, y era muy grave. Apenas podían creer que hubiera sobrevivido. Permaneció en el hospital por veinticuatro días.
Cuando mi madre llegó a casa todavía estaba extremadamente débil; casi no se movió de su cama por dos semanas. ¿Qué debería hacer por ella? Infarto de miocardio, oclusión coronaria, trombosis coronaria… todos estos términos me eran confusos ¿Qué pasaba con el corazón de mi mamá? ¿Qué causaba estos ataques? Fui a la biblioteca y conseguí algunos libros para tratar de averiguarlo. El aprender cómo funciona el corazón es lo que comenzó a ayudarme a entender el problema.
Un órgano asombroso
Descubrí que básicamente el corazón es sencillo en su estructura física. Es un gran músculo hueco que está dividido en dos partes. Cada parte, a su vez, está dividida en dos cavidades, una para recibir la sangre y la otra para enviarla. La cavidad que recibe la sangre se llama atrio o aurícula, y la cavidad que la envía, ventrículo. Así es que hay una aurícula derecha y un ventrículo derecho, y una aurícula izquierda y un ventrículo izquierdo. Así el corazón está compuesto de dos bombas separadas que impulsan la sangre simultáneamente.
Aprendí que el corazón funciona de este modo: La aurícula derecha recibe la sangre del cuerpo. Desde allí la sangre pasa al ventrículo derecho, el cual la impulsa a los pulmones, donde se extrae de ella el anhídrido carbónico y se absorbe el oxígeno. Entonces la sangre recién oxigenada va de los pulmones a la aurícula izquierda. Desde allí esta sangre sustentadora de la vida pasa al ventrículo izquierdo, el cual la impulsa al cuerpo.
Asombrosamente, los millones de células del corazón tienen cada una la independiente habilidad de contraerse y dilatarse. Esta contracción es coordinada por impulsos eléctricos que provienen de algo que se llama sinus node, ubicado en la aurícula derecha. Esto asegura que las células del músculo se contraigan en la secuencia debida y con la frecuencia apropiada… aproximadamente setenta veces por minuto. Con cada contracción unos 70 gramos de sangre son impulsados… casi 300 litros por hora. ¡Pero durante un ejercicio el corazón de un atleta puede impulsar más de mil quinientos litros de sangre por hora!
La asombrosa fortaleza del corazón me sorprendió. Los médicos dicen que produce tanta energía que si se pudiera concentrar su producción de toda una vida en una sola demostración de fuerza, ¡podría levantar un acorazado a más de un metro fuera del agua! Me dio ánimo saber de la asombrosa capacidad del corazón.
Hallé que un cardiólogo hasta dice que si todo el ventrículo derecho queda destruido por una enfermedad o lesión, se pueden hacer reajustes en el sistema circulatorio, y el corazón continúa haciendo su trabajo. Hasta dijo que si más del 75 por ciento del tejido muscular del ventrículo izquierdo queda destruido, ¡el músculo restante puede compensar y continuar suministrando sangre a todo el cuerpo!
Pero, ¿significaba esto que el corazón de mi madre, de algún modo, casi había quedado totalmente destruido? ¿A qué se debió que su corazón casi fallara?
La causa del problema
Me enteré de que el problema fue la falta de alimentación. ‘¿Pero cómo puede ser eso,’ quizás alguien pregunte, ‘puesto que el corazón está literalmente bañado en sangre, pues toneladas de sangre fluyen diariamente por las cavidades del corazón?’ Se debe a que el corazón no se alimenta de esta sangre en sus cavidades.
Se podría comparar esto a un camión transportador de gasolina y su fuente de combustible. El camión puede estar transportando miles de litros de gasolina a los clientes, y sin embargo al camión mismo se le puede acabar la gasolina y quedar parado. Esto se debe a que el camión no funciona con la gasolina que transporta, sino que tiene que detenerse en las estaciones de gasolina para conseguir su propio combustible. De igual modo el corazón no recibe su alimentación de la sangre en sus propias cavidades, sino de la sangre que es impulsada del corazón y que entonces regresa al músculo cardíaco por vía de las dos arterias coronarias.
La sangre es impulsada del corazón a la gran arteria del cuerpo, la aorta, pero casi inmediatamente parte de ella es conducida a las arterias coronarias, que se llaman así porque rodean la parte superior del corazón a manera de una corona. Estas dos arterias se dividen en una red de ramificaciones más pequeñas y luego en capilares que transportan en la sangre oxígeno y alimentos químicos a todas las partes del músculo cardíaco. Alrededor de 5 al 10 por ciento de toda la sangre que impulsa el corazón es conducido a estas arterias coronarias para alimentar el corazón. La dificultad en estas arterias, descubrí, es lo que causa los ataques cardíacos.
La causa del problema es una acumulación de depósitos grasos en las arterias coronarias, que resulta en un estado que se llama aterosclerosis. Para ayudar a visualizar el problema, los médicos a veces comparan el proceso a la acumulación de óxido en una cañería de agua caliente, la cual, con el tiempo, interfiere con el flujo del agua.
En un vaso sanguíneo, sin embargo, la aterosclerosis no causa un ensanchamiento uniforme. A lo largo del vaso sanguíneo ocurre intermitentemente una acumulación de depósitos, mientras que el diámetro del resto del vaso puede ser normal. Así es que el flujo efectivo de la sangre no disminuye necesariamente, puesto que el flujo sanguíneo meramente puede acelerarse a medida que pasa cada obstrucción. Sin embargo comencé a ver cómo este estado de la aterosclerosis puede preparar la escena para un ataque cardíaco.
¿Cómo es eso?
La obstrucción que causa un ataque
Cuando la sangre es obligada a pasar por una abertura excepcionalmente pequeña, las sustancias en la sangre comienzan a formar un coágulo o trombo. Normalmente esta reacción nos protege de desangrarnos hasta morir por una lastimadura, y ayuda a sanar las heridas. Pero si las sustancias coagulantes en la sangre fueran activadas en un vaso sanguíneo gravemente estrechado, el trombo que se formara pudiera obstruir el flujo de la sangre. A veces un trozo de la acumulación grasa misma se desprende y obstruye un vaso. Cuando el vaso obstruido está en el corazón, se llama una trombosis coronaria, o una oclusión coronaria.
Aprendí que el resultado de la obstrucción es lo que llaman infarto de miocardio. “Mio” se refiere al músculo, “cardio” al corazón, e “infarto” significa la zona del tejido que ha muerto debido a la interrupción del flujo sanguíneo. Si el vaso obstruido es un vaso importante que suministra la sangre alimenticia a una gran parte del corazón, la consecuente muerte del tejido muscular por lo general ocasiona el paro del corazón… es un ataque cardíaco fatal.
Me fue de interés saber que la aterosclerosis puede ocasionar esta obstrucción del vaso en otras partes del cuerpo, aunque las arterias coronarias por alguna razón son afectadas con mayor frecuencia. Sin embargo, si la obstrucción ocurre en un vaso en el cerebro, uno sufre un ataque fulminante. Pero en el corazón ocasiona un infarto de miocardio, es decir, un ataque cardíaco.
Ataques cardíacos sin obstrucción
Sin embargo, averigüé que en muchos ataques cardíacos —quizás en la mayoría— no está implicado un coágulo de sangre; solo hay un estrechamiento de los vasos sanguíneos debido a la aterosclerosis. De hecho, los ataques fatales pueden ocurrir cuando hay solo un daño mínimo en el músculo cardíaco. ¿Por qué se detienen corazones que esencialmente son sanos?
Parece que en esos casos el corazón necesita más sangre para hacerle frente a alguna emergencia física o emocional, y la sangre que le llega por los vasos angostados resulta insuficiente. Entonces, cuando solo una pequeña porción del músculo cardíaco temporariamente queda sin sangre, de algún modo los patrones eléctricos se perturban, alterando el ritmo de los latidos. Entonces le ocurre al corazón lo que se llama fibrilación ventricular… una complicación grave y poco común en la cual el corazón se retuerce caóticamente y se para por la falta de una fuerza impulsora. La muerte acontece en unos cuantos minutos a menos que se restablezca el impulso apropiado de los ventrículos. Así es como miles de corazones esencialmente sanos se detienen cada año.
Ataques que no se reconocen y la curación
Me asombró el saber que muchos ataques cardíacos ocurren con solo síntomas mínimos. De hecho, los cardiólogos calculan que quizás el 20 por ciento de los ataques iniciales ocurren sin que se den cuenta de ello las víctimas. Esto quizás se deba a que un vaso sanguíneo en el corazón se obstruye gradualmente durante un período de semanas o meses, en vez de repentinamente. Más tarde, cuando se hace un examen físico de rutina, el electrocardiograma a menudo detecta el daño que sufrió el músculo cardíaco.
También, puede que los síntomas sencillamente no se reconozcan como un ataque cardíaco, como lo ilustra el caso de mi madre. Ella pensó que era un ataque grave de indigestión, y lo mismo sucede con muchas otras personas. Tal vez ocurra vómito, junto con fatiga y una apariencia muy pálida. El siguiente es un caso típico acerca del cual leí:
Un hombre de unos setenta y cinco años consultó a un médico cuando finalmente comenzó a sufrir de una enfermedad cardíaca avanzada. Los electrocardiogramas mostraron dos oclusiones coronarias viejas… un coágulo había resultado en la muerte del músculo cardíaco. El hombre recordó haber sufrido un ataque que él había pensado que era una indigestión aguda hacía 25 años, y dos años más tarde otro ataque. ¡No había consultado con un médico, y sin embargo vivió hasta una edad avanzada! Los médicos dicen que hay miles de casos como este.
De hecho hay poco que realmente pueden hacer los médicos para curar la zona del músculo cardíaco implicado. Si el corazón sobrevive al infarto —o no le ocurre la fibrilación fatal— sencillamente hay que darle tiempo a la zona del músculo muerto para que lo reemplace el tejido cicatrizal. Es importante restringir la actividad para permitir la formación de una cicatriz firme, eficaz. Esto unirá los músculos vivos tan juntos como sea posible para que puedan funcionar apropiadamente sin la parte inútil.
El médico nos mostró el electrocardiograma de mi mamá y nos señaló la evidencia del coágulo coronario que resultó en la muerte del músculo cardíaco. Todo lo que se podía hacer ahora, dijo, era hacer descansar el corazón por medio de una mínima actividad y darle la oportunidad de curarse. Mi madre no comprendió lo crítico que es este período de recuperación para un paciente cardíaco. Sin embargo, esto pronto quedó grabado en su mente de un modo alarmante.
Otra crisis
Mamá difícilmente pudo soportar la inactividad; estaba ansiosa por volver a trabajar. Parecía que se estaba recuperando bien; de hecho, disfrutamos de unas vacaciones de una semana en el campo. Pero evidentemente ella hizo más de lo debido.
Unos cuantos días después regresé a casa una noche y la hallé sufriendo de un tremendo dolor… su brazo izquierdo y todo su costado izquierdo estaban paralizados. Llamé por teléfono al médico que la había atendido en el hospital. Me dijo que la llevara inmediatamente al hospital. Pero ella pensó que era inútil. No pude obligarla a ir, de modo que le pedí al médico que viniera a nuestro apartamento. Dijo que no podía venir.
“¿Qué puedo hacer?” quise saber.
“Sencillamente espere, y esté preparada,” dijo; “quizás quede paralizada, sufra otro ataque o aun muera. No hay nada que usted pueda hacer.”
Hablé con otro cardiólogo que la había examinado antes. Fue más compasivo, pero se disculpó por no poder venir. Realmente estaba frenética. Estaba en tal estado emocional que no podía pensar.
Pero entonces me puse de rodillas y ore, pidiéndole a Dios que me fortaleciera y me guiara. Cuando me levanté ya no sentía pánico. Inmediatamente consulté uno de los libros de medicina que todavía tenía.
Tratamiento de emergencia
Ante todo, decía que había que eliminar todo alimento sólido por lo menos por tres o cuatro días… solo suministrar líquidos. Así es que alimenté a mi mamá con 60 gramos de jugo recién exprimido de toronja o de naranja cada dos o tres horas. Varios días más tarde gradualmente comencé a darle un poquito de hortalizas hervidas, majadas, para el almuerzo.
Además, el libro decía que se debía mantener al paciente abrigado, darle enemas, y dos veces por día hacerle baños de pie calientes con mostaza. Y, particularmente, no se le debía permitir al paciente moverse, ni siquiera para ir al baño. Al reflexionar, nos parece a mamá y yo que el esfuerzo de llevarla a un hospital esa noche, muy bien pudiera haberla matado.
Pedí permiso para ausentarme de mi trabajo por una semana y la cuidé día y noche. Entonces, cuando regresé al trabajo, hice arreglos para que una amiga estuviera con ella. Por tres semanas no le permitimos salir de la cama. Gradualmente comenzó a sentirse mejor, y a moverse un poco.
Agradecidamente el corazón de mamá no entró en una fibrilación. Si lo hubiera hecho, yo no habría sabido qué hacer. Desde entonces me he enterado de la resucitación cardiopulmonar (CPR), una combinación de masaje cardíaco externo y respiración artificial.  Y el año pasado un médico de la Asociación Cardíaca de Nueva York calculó que su uso podría ayudar a evitar hasta 4.000 de las 14.000 muertes anuales ocasionadas por ataques cardíacos en la ciudad de Nueva York.
Pero me pregunté, tal como estoy segura de que lo habrán hecho otras personas afectadas personalmente: ¿Qué hay tras esta plaga del día actual? ¿Qué ocasiona la acumulación de depósitos en las arterias que resulta en ataques cardíacos?
Opiniones inciertas, contradictorias
Aprendí que las autoridades no están seguras. Esto es evidente de las diferentes conclusiones que sacan de sus investigaciones continuas. Sin embargo, el colesterol y las grasas (glicéridos) están de algún modo implicados en los depósitos y en el endurecimiento de las arterias. Una variedad de alimentos contienen colesterol. No obstante, al mismo tiempo, nuestro hígado y otros órganos fabrican colesterol. Pero en muchas personas depósitos anormales de sustancias grasas se acumulan en las arterias, con consecuencias desastrosas. ¿Por qué?
Una opinión popular, apoyada por la Asociación Cardíaca Americana, es que una dieta alta en grasas saturadas y en colesterol ocasiona altos niveles de colesterol en la sangre, lo que, a su vez, es responsable de la aterosclerosis además de arteriosclerosis, a la que comúnmente llaman “endurecimiento” de las arterias. Pero la evidencia ahora también parece indicar que la tensión emocional puede determinar al mismo grado los niveles de colesterol en la sangre. Por ejemplo, un estudio de contadores públicos reveló que los niveles de colesterol en su sangre eran más elevados antes del 15 de abril, fin del plazo para los informes de impuestos, que en mayo y junio cuando su sensación de la urgencia del tiempo casi había desaparecido.
Pero hay otras opiniones. Se dice que el exceso de azúcar en la dieta inicia una producción anormal de ciertas hormonas, notablemente la insulina. Se cree que esto resulta en aumentar los niveles sanguíneos de grasas llamadas triglicéridos, los cuales, según algunos, causan la acumulación de depósitos grasos en las arterias. Otra opinión es que el cloro en los abastecimientos de agua es un factor principal en la precipitación de los depósitos grasos.
Hay ciertos factores que la mayoría de las autoridades médicas por lo general acepta como contribuyentes a los ataques cardíacos. Además de la tensión emocional y una dieta elevada en grasas y colesterol, estos factores incluyen: herencia, fumar, alta presión arterial y la clase de vida sedentaria del día actual. Sin embargo, es un hecho reconocido que la causa de la aterosclerosis, responsable de la mayoría de los ataques cardíacos, todavía no ha sido determinada. Sin duda está implicada una combinación de factores, y posiblemente sean diferentes en diferentes víctimas.
Lo que podemos hacer
No obstante, de lo que aprendí, hay medidas preventivas, sanas y de sentido común que podemos adoptar. “Lo que se requiere,” dijo el famoso especialista del corazón Paul Dudley White, “es un amplio cambio en los hábitos establecidos de comer con exceso, la inactividad física, y fumar demasiado.”
Puesto que ni mi madre ni yo fumábamos, no había necesidad de ningún cambio ahí. Pero hemos ajustado nuestros hábitos de comer de acuerdo con lo que leí sobre el tema. Principalmente esto implica comer comidas pequeñas. Además, ya no usamos sal o azúcar ni tomamos café. Y solo muy raramente o nunca comemos alimentos ricos en colesterol, como leche entera, mantequilla, helados, huevos y carnes grasosas.
Otra medida importante para impedir los ataques cardíacos, es el ejercicio. Lo mejor es caminar vivamente con regularidad. Parece que esto establece la circulación colateral del corazón. Cuando una persona es sedentaria las arterias que suministran la sangre a los músculos pueden hacerse más angostas de tamaño, y muchos vasos pequeños hasta pueden desaparecer. Por lo tanto, menos sangre va a los músculos, y, consecuentemente, menos oxígeno.
Sin embargo, el ejercicio regular evidentemente hace que las arterias se ensanchen, de modo que puedan transportar más sangre. Además, se abren más vasos sanguíneos en el tejido muscular, proveyendo nuevas rutas para la entrega de más oxígeno. Particularmente en el músculo cardíaco es esto una ventaja, porque entonces, aun si una arteria llega a “taparse,” la sangre que se suministre por rutas auxiliares puede ser suficiente para impedir que al músculo cardíaco le falte oxígeno y se detenga.
Muy lentamente, durante un período de meses, mi mamá fue aumentando su actividad física. Ahora ella cocina, hace las tareas domésticas y está bastante activa. Estoy convencida de que este cuidado es a lo que principalmente debe atribuirse lo que los médicos consideran su notable recuperación.
Creo que otros factores que contribuyeron al ataque cardíaco de mi madre fueron la falta de suficiente descanso, hábitos de alimentación incorrecta, pero, especialmente, la preocupación. Así es que después de su ataque cardíaco conseguí un periquito y le enseñé a decir: “No te preocupes, mamita. Sé feliz.” Esa disposición es importante, como también lo muestra la Palabra de Dios, la Biblia: “La solicitud ansiosa en el corazón de un hombre es lo que lo agobia,” pero “un corazón que está gozoso hace bien como sanador.”—Pro. 12:25; 17:22; 14:30.
Sé que con todas las angustias que hay en el mundo actual a muchos se les hace difícil hallar mucho de qué estar gozosos. Sin embargo, he descubierto que verdaderamente hay razón ahora para sentirnos felices. Pues, la confiable Palabra de Dios muestra que las condiciones inicuas de la actualidad son evidencia cierta de que estamos viviendo cerca del tiempo en que el Dios Todopoderoso quitará completamente este sistema de cosas, y conservará vivos a los que le sirvan.—Mat. 24:3-14; 1 Juan 2:17.
Entonces se cumplirá la segura promesa que Dios hizo a la humanidad de que él “limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado.” (Rev. 21:4) ¡Qué magnífico será vivir completamente libres de toda amenaza de esta plaga temida… el ataque cardíaco!

1 comentario

    • Jeffrey el 20 abril, 2014 a las 2:34 AM
    • Responder

    Yo he tenido los mismos problemas, pero no me conforme con la tonta explicacion que te dan los medicos de que las venas se estrechan por el colesterol alto, he investigado y el causante es una bacteria, una bacteria que crece normalmente casi en todos nosotros y se encuentra en los senos nasales, sin ambargo si tienes una mala alimentacion por mucho tiempo, esta bacteria se siente agredida al no recibir alimento o nutrientes y empiesa a mutar y a meterse en el tejido epitelial de las venas, causando heridas en las venas. estas heridas son tapadas por el horganismo con plaquetas y grasa hasta qye se obstruyen las venas causando la arterioesclerosis y despues de tapar totalmente y se causa el infarto.

    Los antibioticos parecen no funcionar, no he sabido el tratamiento, he probado adelgazando un poco la sange con aspirina y 250 mg de claritromicina diarias por 15 dias, parece que hay mejoria pero no te lo aseguro.
    saludos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.